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miércoles, 27 de abril de 2011

Ejercicio: RELAJA CUERPO Y MENTE BAILANDO


Este es un sencillo ejercicio que recoge de alguna manera los principios del Tai Chi

Es muy fácil de hacer y se puede realizar a cualquier hora del día, preferentemente cuando estés muy estresado o no puedas deshacerte de determinado pensamiento.
La idea general será dejar que el cuerpo fluya y se mueva al son de la música.
Para ello necesitarás una o varias canciones de música clásica o música New Age, que no sean estridentes ni te alteren, sino que sean básicamente sedantes.
Te recomendamos las melodías con instrumentos de viento y cuerdas, sonidos de la naturaleza, voces relajantes, ...

El ejercicio consta de los siguientes pasos:
Realiza el ejercicio en una habitación a oscuras o semioscuras y enciende la música que has escogido al respecto, de manera que el volumen esté a tu gusto.
No tengas miedo de poner el volumen alto si ves que te lo "pide" el cuerpo.
Comienza el baile de pié, con los brazos a lo largo del cuerpo.
Durante unos instantes, sólo escucha la música, no te muevas. Respira profundamente tres veces, a ser posible como la parte final del ejercicio controlando la respiración. Después comienza a mover los pies al son de la música, como tu quieras.
Ten presente que debes moverlos como el cuerpo te "pida", así que no te limites ni tengas vergüenza de nada.
Mantén dicho movimiento durante unos minutos.
A continuación añádele al movimiento de los pies, el de las piernas.
Muévelas como quieras, lo importante es que te sientas totalmente libre, así que no te preocupes por hacer movimientos rítmicos o estéticos.
Haz lo que te salga de dentro al escuchar la música.
Muévete durante unos minutos.
Pasado un ratito añádele al movimiento las caderas, la cintura el abdomen y la parte de abajo de la espalda.
Baila relajado dejando que sea tu cuerpo el que lleve el ritmo y los movimientos.
Tu no tienes que pensar nada.
Disfruta así durante unos minutos.
Después añádele a las partes del cuerpo que ya estás moviendo, el tronco de tu cuerpo. No dudes en realizar los movimientos que surjan y tómate unos instantes para disfrutarlo.
A continuación, ya estás preparado para mover con las partes del cuerpo que ya estás moviendo, los brazos y las manos.
Se original, no te quedes en convencionalismos, escucha a tu guía interior y deja que te muestre cómo debe de ser el baile que estás haciendo.
Sigue todas las indicaciones que te de, sin vergüenza. Libera tu cuerpo y tu mente. Por fin ya estás en disposición también de introducir movimiento con tu cuello y cabeza en el baile.
Ahora ya todo tu cuerpo ha de moverse liberándose de cualquier limitación. Mantén el baile durante varios minutos.
¡Disfruta de tu cuerpo! Para finalizar, comienza a levantar brazos y manos lentamente hacia arriba; mientras vas balanceándote a un lado y al otro como si fueras un árbol a merced del viento.
Deja que el balanceo siga el ritmo que ha escogido tu cuerpo para la música que estás escuchando.
Y después de varios minutos, ve bajando de nuevo los brazos hasta poner la posición inicial del baile.
Así terminas como empezaste: escuchando sin moverte unos minutos de la música. Después ya puedes encender la luz.
Comprobarás que te encuentras mucho mejor y más relajado. Sin duda es un ejercicio muy eficaz que sólo requiere un poco de práctica. Cuanto más lo practiques mejor serán los resultados.

Disfruta el viaje,
Namaste

domingo, 24 de abril de 2011

Cuerpo - Mente - Espíritu


Al igual que el cerebro tiene dos mitades independientes pero cooperativas, el cuerpo tiene dos sistemas nerviosos autónomos: el simpático y el parasimpático. El sistema nervioso simpático es activado cuando se origina el temor, la furia, el dolor, y peculiarmente la eyaculación seminal. A través de soltar adrenalina en la corriente sanguínea, se produce un aumento en la rapidez de los latidos del corazón y de la presión arterial, y una sequedad en la boca. El estado mental concomitante es de preservación propia, y la atención se ajusta y enfoca hacia las demandas egoístas. Las entradas sensoriales disminuyen. Cuando estamos luchando por nuestras vidas, no disfrutamos las fragancias de las flores. No sabemos en que nota estamos gritando. Y la valiosa seda marca ‘Gucci’ la penetramos con un cuchillo de acero, destrozándola sin apreciar su belleza. El sistema parasimpático es activado para alimentar los deseos sexuales. La presión arterial y latidos del corazón disminuyen a medida que segregamos saliva hasta el punto de babear. Los besos largos y húmedos o el filete miñón con salsa Bernesa: en los dos, las bocas jugosas están presentes. En ese momento la sangre se necesita en todas partes menos en las extremidades del cerebro y las piernas y todo disminuye para dejarnos disfrutar su ‘alberca central’. El estado mental concomitante es cordial, expansivo y apreciativo de los sentidos. Olemos los perfumes. Gustamos de la canela. Escuchamos el chasquear de la carne al freírse o sentimos la más leve y tenue brisa en nuestra oreja. Pronto, estamos completamente alerta del momento a medida que lo disfrutamos y compartimos. Asumiendo que no somos psicópatas o pervertidos, estamos pacíficamente gozosos y de ninguna forma, buscando por pelea. Entonces, no deberíamos sorprendernos, que las técnicas de meditación faciliten respuestas parasimpáticas, que el hambre y la preparación para la alimentación son excelentes incentivos para agudizar la alerta sensorial, y que a los artistas marciales o a los meditadores siempre se les ha aconsejado que no practiquen ‘con un estomago lleno’.
A medida que el cuerpo se relaja, la mente se expande. La actividad del cerebro disminuye para incrementar el estado de alerta. Las ondas del cerebro van desde la conciencia alerta, aunque normal de los ritmos comunes de beta hacia alfa, más lenta y alerta a los sentidos, siguiendo hasta los ritmos de la theta, con frecuencias asociadas con los estados de relajación profunda, alerta subliminal, y la majestuosa Zona Meditativa. Claramente, un combatiente que experimenta miedo o dolor, inhibe la habilidad de entrar en la Zona.
La primera de las disciplinas necesarias que el artista marcial debe dominar es Pranayama, la ciencia de controlar la respiración y circular la energía. Cada programa de entrenamiento incorpora su práctica rigorosa. Cada “forma” de arte marcial debe ser aprendida con la inhalación y exhalación en la respiración apropiada de acuerdo a con los movimientos coreográficos. Naturalmente, estas formas deben ser practicadas hasta que se hagan reflexivamente. Igualmente como frecuentemente operamos un automóvil en el tráfico, frenando en la luz roja, y evadiendo los transeúntes tan frecuente como posible, con todos nuestros movimientos automáticos, y teniendo nuestras mentes embebidas en otros escenarios, así que los estudiantes de las artes marciales deben aprender las formas variadas tan completamente que puedan ejecutarlas inconscientemente.
La respiración controlada invariablemente disminuye el ritmo de la respiración, iniciando una curva biológica de consecuencias: porque la respiración disminuye, la presión arterial baja, el estado de alerta aumenta, y en este estado relajado y no vulnerable, se puede entrar a la Zona meditativa. El artista marcial debe mantener una conducta pacífica, dado que, antes de que su mente pueda entrar a la zona superior del estado meditativo, ella debe pasar a través de esta etapa ‘base’ de relajación. La tensión, un producto del miedo, la ansiedad, la agresividad, el dolor o la furia, causará a su sistema nervioso simpático la segregación de adrenalina; y esto le impedirá de experimentar este necesario estado de alerta tranquilo. Todas las líneas subliminales de información serán por lo tanto obstruidas.
Preservar la paz es una compostura singularmente militar.
El entrenamiento Budista del estudiante complementa su régimen físico. El Camino Óctuplo requiere que él examine todas sus acciones para determinar si ellas son inofensivas, generosas, autónomas, y en dirección hacia su madurez. El estudiante que desatiende su desarrollo espiritual inmoviliza su progreso, lo detiene al nivel de la conciencia atlética. Él debe ser amoroso. Debe importarle verdaderamente el bienestar de los otros seres humanos. Debe dedicarse a su salvación tanto como a la suya propia. Debe ser receptivo con sus necesidades, gentil en su ayuda, y generoso en su perdón. En todo esto debe personificar la humildad.
Este es el entrenamiento Budista básico sin importar si la disciplina es arreglar flores, servir el té, el arco y la flecha, o la esgrima.
El entrenamiento del estudiante Budista complementa su régimen físico. El Camino Óctuplo requiere de él que investigue todas sus acciones para determinar si ellas son beneficiosas, generosas, veraces por sí mismas y dirigidas hacia su madurez.
El estudiante que desatiende su desarrollo espiritual embrutece su progreso, lo detiene conscientemente en el nivel físico. Él debe ser amoroso. Debe verdaderamente cuidar del bienestar de los otros seres humanos. Debe estar dedicado tanto a su salvación como a la de él mismo. Debe ser receptivo en sus necesidades, gentil en su ayuda, y generoso en el perdón y la clemencia. En todo esto debe personificar la humildad. Este es el entrenamiento básico Budista aparte de si la disciplina es el arreglo de flores, el servicio de té, la arquería o la esgrima. Por lo tanto, no es desde los motivos completamente altruistas que el maestro de las artes marciales insiste sobre el código esencialmente pasivo del Bushido. El peleador resistente e imperturbable debe instalarse por sí mismo en la Zona de no-ego de la atención absoluta, por ejemplo, el estado meditativo puro.
Por lo tanto, en cualquier situación en la que haya una confrontación, el maestro instruye a sus discípulos a reducir el estrés o la tensión: el guerrero debe primero enérgicamente luchar para evadir el conflicto a través de eliminarse él mismo elegantemente de la ecuación argumentativa. Si su antagonista persiste, debe tratar de debilitar la ansiedad de su irritación disculpándose por haberlo ofendido inadvertidamente. Debe asegurarle a su antagonista que no tiene ninguna intención de causarle ninguna inconveniencia o humillación sugiriéndole caminos pacíficos para resolver la disputa. Se deben hacer todos los esfuerzos para dejar que el antagonista retenga su honor.
Además de pranayama, el artista marcial debe, por supuesto, dominar Pratyahara: la habilidad de eliminar cualquiera de las sensaciones que desee excluir. Por ejemplo, él no quiere sentir dolor (dado que el dolor provoca la respuesta de adrenalina), por lo tanto practica el entrar en aquellos estados de trance que producen efectos ‘anestésicos’; y al igual que el dentista puede usar el hipnotismo para controlar el fluido de la sangre, el artista marcial sabe que puede sanar sus heridas por el mismo método del trance-inducido. Puede también usar el estado de trance para ayudarse a conquistar los efectos del calor, la sed y la fatiga.
La totalidad del entrenamiento de las artes marciales es: la introducción de los valores Budistas del amor y la comprensión; la adquisición de un estado natural de vigilancia; el perfeccionamiento en el trance-inducido o hiperestesia (la habilidad de responder a la data subliminal); la obediencia disciplinada a las reglas de la batalla; la observancia clara e inequívoca a los objetivos de paz; la aceptación de la humildad que promueve el control de la mente y el cuerpo; y las destrezas de combate adquiridas a través de una práctica constante.
El secreto del maestro es que funde en su destreza una seguridad de pensamiento. Nunca llega a ser emocional. Su enfoque es sobre la reconciliación y no sobre la preservación o la postura egoísta. Si no puede sentir completamente amor genuino por su antagonista, puede por lo menos sentir respeto y benevolencia. Se siente más honrado en ceder que en conquistar. La actitud del guerrero Zen se logra y se mantiene en el angosto y comparativamente largo balance del entrenamiento – por un lado marcial y por el otro espiritual – en una progresión circular trazada indefinidamente en las disciplinas de la meditación.

Fuente: Zen y Arte